jueves, 4 de julio de 2013

Día tres: colitis

Hoy les quedaré debiendo una actividad exclusiva, pues parece que mi cuerpo entiende que puedo relajarme y se desconecta. Me enfermé.
La colitis nerviosa de la que padezco se presentó y me mantuvo en cama todo el día. Me consentí, es decir, dejé todo lo que había planificado hacer y me dediqué a dormir, comer y hacer cuanto remedio casero se me ocurrió: tomé té, coloqué compresas con agua tibia en el vientre, tomé fibra y así hasta que se dieron las 7 pm y tuve que ir al turno en la radio. Ya estoy mejor. 
Fue un día con un episodio de ansiedad grande combinado con dolor de colon. Logré descansar, esa es la ventaja.

Día dos: cuentas.

Este segundo día coincidió con el plazo de cancelación de un par de recibos.
Después de mi consabida caminata de una hora con Neo, logré pasar las notas de mis alumnos a la red y me dediqué durante la tarde a cobrar y cancelar deudas.
Tener una actividad que implique "hacer números" siempre ayuda. De paso, se conocer cómo anda el presupuesto. Importante es que durante la jornada no falte la música. No estoy escribiendo "la buena música", escribo "la música". Es buena compañía.
En el trayecto no dejé el libro que tengo pendiente de leer. Avancé 12 páginas de 800 o 900 que son.
Haga números, eso sirve. 

Diario de una ansiosa

02 de julio de 2013
6:17 pm
Mi nombre es Kelly Iraheta, tengo 34 años y soy una persona ansiosa. Que quede claro algo: la ansiedad no se cura, se controla. Así que he pensado que puedo compartirles actividades que puedan ayudar a cualquiera a distraerse para que los episodios pasen.
Compartiré lo que yo hago, si le sirve, adelante.
En el 1er día bajé la intensidad en las redes sociales, estas no me ayudan mucho. Tanto facebook como twitter hacen que me altere. Es difícil para mí no estar consultando la computadora, el celular o cualquier aparato que pueda conectarme.
Antes me mordía las uñas, ahora no paso de estar viendo redes. Tanto así, que establecí relaciones en las redes sociales (de amistad y “romance”) que no fructificaron, como era de esperarse; pues, como todo lo que sucede en la internet es efímero. Así que vamos bajando la intensidad y la necesidad de estar en la Matriz. Veremos qué sucede.
Comencemos, pues.
Hoy (02 de julio) descansé, ayer tuve una jornada matadora de calificación. En resumen fueron cerca de 270 ejercicios que calificar, comencé a las 9 pm y terminé a las 2 pm del 1 de julio. Solamente había dormido una hora.  A las 3 me fui a la universidad, la clase era a las 5:30 pm, pero el tráfico es pesado por las construcciones del boulevard. Llegué a las 5:15 pm, corrí a sacar copias, entré al parcial, salí 6:55 pm y corrí pues el turno en la radio era a las 7:30. Llegué 7:33 pm, salí a las 12 de la noche y vine acá a las 12:20. Este martes me dormí hasta las 11: 30 am.
Califiqué durante el turno, eso me controló. No consulté redes y puede descansar.


Kelly

miércoles, 22 de mayo de 2013

Tengo una duda


En esta vorágine de personas andamos buscando siempre. Esa necesidad del ser humano de estar dentro y pertenecer a algo. Bien dijo Julio: "Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos. Oh Maga, en cada mujer parecida a vos se agolpaba como un silencio ensordecedor, una pausa filosa y cristalina que acababa por derrumbarse tristemente, como un paraguas mojado que se cierra." Ahora, la pregunta del millón, ¿realmente están los hombres listos para encontrar las mujeres que circulamos hoy?
Porque ya no tenemos dentro de nuestro currículum “cocinar”, “planchar”, “cuidar niños/as”. Muchas ya no tenemos como prioridad ser amas de casa, nos interesa la libertad, la intelectualidad. Amamos nuestra carrera y departir con amigos. En lo particular, deseo mucho más ser yo misma antes que ser “de” alguien. Las mujeres que me rodean ya no son la Susanita de Quino que paren a diestra y siniestra (según lo que Dios me dé). Ya no.
La ciencia, la historia, las leyes nos han absuelto de seguir patrones que ya no casan con nosotras. Nos permiten decidir qué hacer y que no. Por eso, al próximo que venga podré preguntarle: ¿Estás seguro? Porque aunque las aves vuelan en bandada el vuelo siempre es personal.

martes, 5 de marzo de 2013

Las segundas vueltas

Las segundas partes siempre son malas. Siempre.
Por ejemplo, la segunda vez que vas a un restaurante ya sabés cuál es su especialidad, conocés a los meseros, ya sabés dónde queda. Si algo salió bien o mal, ya los sabés.
Cuando comprás un shampoo, por segunda vez, el efecto ya no es el mismo. Así también si le echás agua, ya no, ya no sirve.
Otro ejemplo sería que la segunda vez que te colocás ese par de zapatos (que te dañaron los pies) lo volverán a hacer hasta que te sintás bien. Cuesta, ya sabés a qué te enfrentás.
Puedo seguir. Con una dirección pasa igual. Vas la primera vez y te perdés. En la segunda, sabés llegar, ya la conocés. Es fácil. Sucede muchas veces que en la primera sentís largo el trayecto, pero en el segundo recorrido te das cuenta que no era tan largo como lo percibiste, era más sencillo. Ya lo sabés.
¿Va quedando claro mi punto? Siempre, la segunda vez es mala. Así como la primera no se olvida, la segunda debería de estar prohibida
En el cine se da seguido. Fórmulas cinematográficas buenas cuya segunda parte es mala o películas malas que reivindican su malograda trama en la segunda vez. Me da miedo nombrar las que han sido así de pésimas porque sería revelar que las vi. Así dejémoslo.
Mi idea es que todo esto, que por segunda ocasión sucede; pierde magia, misterio, secreto. Aplica exactamente para las relaciones. Las segundas veces deberían ser prohibidas. Ya sabemos el final. No me digan que "Algo queda", "que donde hubo fuego, cenizas quedan"; porque de igual manera quedó una roncha no supurada. Nadie puede decir que se termina "En buenos términos". El único buen términos es que NO FUNCIONAN JUNTOS.
Los ex son eso: una historia pasada. Regresar sería muy parecido a ver "Sexto sentido" por segunda vez, ya sabés que Bruce está muerto. Ya no impacta.

domingo, 25 de noviembre de 2012

Tallas

Uno de estos días, ni me pregunten por qué, hablábamos de tallas. A unas pueden torturarlas, a otras, no. El punto es que una conversación entre Karla Rauda, Mariana Belloso y yo provocó que hoy me siente a escribir de esto.

Mi papá me involucró en todos los deportes que pudo: baseball (sí, el de los niños, no esa culerada de softball) fútbol, volleyball, kickball, basketball, frontón y así... siempre lo hice al estilo masculino. Así que mi cuerpo fue "atlético" hasta que descubrí los placeres del sedentarismo y puesí, mi cuerpo alcanzó el monumental peso de 207 libras. A mis 1.50 mts. eso es un sobrepeso mórbido. Las tallas, ahí, se volvieron una tortura.

Recuerdo que para el aniversario de la radio anduvimos buscando vestidos para la ocasión con mis compañeras. Llegamos a Favio´s y la encargada de la tienda le dijo a una de mis compañeras (mientras yo estaba en el vestidor) que ellas no tenía ropa para ballenas. Así, no me lo invento. Para desgracia mía lo logré escuchar, y ver, detrás de la cortina. Iba saliendo a decirles que la blusa no me quedaba. Las tallas estigmatizan.

En el 2009 me dije: ¡Basta, esto se acaba ya! y me metí a un programa de reducción de peso que en el 2010 me llevó a pesar 117 libras. Fueron 90 libras  menos, otra persona, me dijeron por ahí. Y entonces, hice la terapia del vaciado: ropa que era muy grande a la donación. Se fueron varias blusas aseñoradas, pantalones (tallas masculinas) y ropa que nunca me puse porque realmente eran tallas exorbitantes y que me las regalaron creyendo que yo era   enorme. Ya las tallas, decía, no me preocupaban.

Pero en el 2011 el efecto rebote me hizo subir. Desde ese momento, hasta hoy, son 145 libras. Usted dirá: eso no es mucho. Sí, podrá no ser el problema. No será mucho, pero aún voy y busco en tiendas como Zara, Pull & Bear y otras, ropa para esta mujer que tiene 62 libras menos que hace 3 años y aún no encuentro. Así que esto de las tallas podría seguir siendo un problema.

Porque los cuerpos no son iguales. Mis senos no son los del maniquí. Mis piernas no son las de esos muñecos sin vida. Las tallas torturarán a quien se deje. Yo decidí, entonces, pasar de preocuparme de esas cifras a hacerlo por la comodidad y dejo para las ocasiones especiales los vestidos elegantiosos y las tallas reducidas.

sábado, 13 de octubre de 2012

No sé.


Si de algo no sé es de fútbol. Hija de un profesor de educación física y jugador de las canteras del FAS, no me avergüenza escribir [y decir] que no sé de fútbol.
A duras penas me emocioné con el mundial de Japón y Corea del Sur en el 2002. Tanto que escribí una única columna en el periódico de la universidad. Le seguí la pista e hice mi quiniela para esa oportunidad. Admiro a tipos como Milovan, Buffón, Baggio, Zidanne, Bekenbauer, Higuita, Cantoná y así... y ni siquiera les sé la gran trayectoria, sé sus nombres, sé de sus caracteres, sé que jugaron en sus selecciones respectivas. Milován es el Rey de los técnicos, para mí. Pero igual, no sé más nada.
Aprecio una buena jugada, disfruto un gol con "chanfle". Conozco - medianamente- la táctica para distribuir a los jugadores en el campo de juego y cuáles son las faltas que acarrean una tarjeta amarilla o roja. Aún así, no sé de fut.
Entonces, ¿por qué utilizar una entrada del blog para escribir de ello? Es que uno de estos días escribí en mi perfil de FB lo siguiente: "Ahora sí es octubre, esto va agarrando "envión". Pásenla bien y que el viento, hoy sí, sople a favor" y hubo un comentario de este nivel: "No nos demos paja que El Salvador no tiene fútbol para ni mierda" No sé dónde diablos este tipo [cabeza de troglodita] vio el tema del futbol por algún lado. Y es que no soy de quienes en la efervescencia del deporte [ni de ningún otro tema] escribo. Sobre todo, cuando todos/as se creen analistas deportivos, yo soy afición; cuando los otros son analistas políticos, yo soy pueblo; cuando la gente es teóloga, yo soy feligrés. Creo, firmemente, en hablar [o escribir] sí y solo sí se conoce del tema. De lo contrario, parecés un idiota visceral.
Tiene la culpa además Galeano pues con "La historia del fútbol es un triste viaje del placer al deber. A medida que el deporte se ha hecho industria, ha ido desterrando la belleza que nace de la alegría de jugar porque sí" [parte de su Fútbol a sol y sombra] me hizo comprender que el engranaje complicado de este deporte lo compone tanto la plata que producen las marcas, los patrocinadores, el derroche en los mundiales, la construcción de estadios, la inocencia de los seguidores, las entradas, la parafernalia, los himnos, la camiseta, el ritual; pero no hay más. Por lo menos, hasta donde mis ojos ven.
Así que me van a disculpar si mis estados no hablan de cuánto quedamos, ni de cuántos puntos llevamos en las tablas, si es apertura o cierre de alguna copa, si de tal o cual jugador debe de entrar al terreno, si la táctica es buena o mala, de si el técnico tuvo o no que hacer sus “movidas”. No, no soy de esas. Soy de las que el fútbol se me acaba cuando finaliza el partido en donde está mi papi a sus 66 años tratando de hacer lo que los grandes han hecho en sus tiempos de gloria. Para mí el fútbol es eso.