viernes, 5 de julio de 2013

Día cuatro: amigas

Viernes 05 de julio.
Tengo varios círculos de amigas, unas con más tiempo que otras, con historias distintas. Hoy me reuní con un de esos círculos que me hacen sentir tan bien. En él cuento con Alma, Wendy, Patty, Xiomara, Odila, Rocío y Sofi. Mujeres hechas y derechas que siempre me alimentan el espíritu.
Quiero hablar de la última: Sofi. A esta mujer en los 19 años que tengo de conocerla, NUNCA la he visto con una lágrima en sus mejillas que no sea de felicidad, la he visto sonreír más de lo que una humana puede hacerlo. Hoy me lo recordó.
Está pasando un momento de salud difícil y dijo una de las frases que marcó el momento: "Esto no me va a vencer". Poderosas palabras que se convierte, a partir de este momento, en un mantra. Platica como siempre, sonríe como siempre, "chabacanea" como siempre.
Si usted tiene a una Sofía cerca, véase con ella. Deben platicar. La ansiedad necesita redes potentes que le den soporte. Además, las otras son excepcionales componentes de esa misma red que me recuerda que en un proceso como este, en el que estás tratando de controlar la ansiedad, son necesarios. No les dije nada de esto (excepto a Sofi) pero me ayuda mucho escucharlas.
Sé que si necesito platicar, estarán ahí.
Mi recomendación número 5 será: activen sus redes. Estas pueden darle el empuje que les falta.
Gracias Sofi, aunque no estemos ni siquiera en el mismo país.

jueves, 4 de julio de 2013

Día tres: colitis

Hoy les quedaré debiendo una actividad exclusiva, pues parece que mi cuerpo entiende que puedo relajarme y se desconecta. Me enfermé.
La colitis nerviosa de la que padezco se presentó y me mantuvo en cama todo el día. Me consentí, es decir, dejé todo lo que había planificado hacer y me dediqué a dormir, comer y hacer cuanto remedio casero se me ocurrió: tomé té, coloqué compresas con agua tibia en el vientre, tomé fibra y así hasta que se dieron las 7 pm y tuve que ir al turno en la radio. Ya estoy mejor. 
Fue un día con un episodio de ansiedad grande combinado con dolor de colon. Logré descansar, esa es la ventaja.

Día dos: cuentas.

Este segundo día coincidió con el plazo de cancelación de un par de recibos.
Después de mi consabida caminata de una hora con Neo, logré pasar las notas de mis alumnos a la red y me dediqué durante la tarde a cobrar y cancelar deudas.
Tener una actividad que implique "hacer números" siempre ayuda. De paso, se conocer cómo anda el presupuesto. Importante es que durante la jornada no falte la música. No estoy escribiendo "la buena música", escribo "la música". Es buena compañía.
En el trayecto no dejé el libro que tengo pendiente de leer. Avancé 12 páginas de 800 o 900 que son.
Haga números, eso sirve. 

Diario de una ansiosa

02 de julio de 2013
6:17 pm
Mi nombre es Kelly Iraheta, tengo 34 años y soy una persona ansiosa. Que quede claro algo: la ansiedad no se cura, se controla. Así que he pensado que puedo compartirles actividades que puedan ayudar a cualquiera a distraerse para que los episodios pasen.
Compartiré lo que yo hago, si le sirve, adelante.
En el 1er día bajé la intensidad en las redes sociales, estas no me ayudan mucho. Tanto facebook como twitter hacen que me altere. Es difícil para mí no estar consultando la computadora, el celular o cualquier aparato que pueda conectarme.
Antes me mordía las uñas, ahora no paso de estar viendo redes. Tanto así, que establecí relaciones en las redes sociales (de amistad y “romance”) que no fructificaron, como era de esperarse; pues, como todo lo que sucede en la internet es efímero. Así que vamos bajando la intensidad y la necesidad de estar en la Matriz. Veremos qué sucede.
Comencemos, pues.
Hoy (02 de julio) descansé, ayer tuve una jornada matadora de calificación. En resumen fueron cerca de 270 ejercicios que calificar, comencé a las 9 pm y terminé a las 2 pm del 1 de julio. Solamente había dormido una hora.  A las 3 me fui a la universidad, la clase era a las 5:30 pm, pero el tráfico es pesado por las construcciones del boulevard. Llegué a las 5:15 pm, corrí a sacar copias, entré al parcial, salí 6:55 pm y corrí pues el turno en la radio era a las 7:30. Llegué 7:33 pm, salí a las 12 de la noche y vine acá a las 12:20. Este martes me dormí hasta las 11: 30 am.
Califiqué durante el turno, eso me controló. No consulté redes y puede descansar.


Kelly

miércoles, 22 de mayo de 2013

Tengo una duda


En esta vorágine de personas andamos buscando siempre. Esa necesidad del ser humano de estar dentro y pertenecer a algo. Bien dijo Julio: "Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos. Oh Maga, en cada mujer parecida a vos se agolpaba como un silencio ensordecedor, una pausa filosa y cristalina que acababa por derrumbarse tristemente, como un paraguas mojado que se cierra." Ahora, la pregunta del millón, ¿realmente están los hombres listos para encontrar las mujeres que circulamos hoy?
Porque ya no tenemos dentro de nuestro currículum “cocinar”, “planchar”, “cuidar niños/as”. Muchas ya no tenemos como prioridad ser amas de casa, nos interesa la libertad, la intelectualidad. Amamos nuestra carrera y departir con amigos. En lo particular, deseo mucho más ser yo misma antes que ser “de” alguien. Las mujeres que me rodean ya no son la Susanita de Quino que paren a diestra y siniestra (según lo que Dios me dé). Ya no.
La ciencia, la historia, las leyes nos han absuelto de seguir patrones que ya no casan con nosotras. Nos permiten decidir qué hacer y que no. Por eso, al próximo que venga podré preguntarle: ¿Estás seguro? Porque aunque las aves vuelan en bandada el vuelo siempre es personal.

martes, 5 de marzo de 2013

Las segundas vueltas

Las segundas partes siempre son malas. Siempre.
Por ejemplo, la segunda vez que vas a un restaurante ya sabés cuál es su especialidad, conocés a los meseros, ya sabés dónde queda. Si algo salió bien o mal, ya los sabés.
Cuando comprás un shampoo, por segunda vez, el efecto ya no es el mismo. Así también si le echás agua, ya no, ya no sirve.
Otro ejemplo sería que la segunda vez que te colocás ese par de zapatos (que te dañaron los pies) lo volverán a hacer hasta que te sintás bien. Cuesta, ya sabés a qué te enfrentás.
Puedo seguir. Con una dirección pasa igual. Vas la primera vez y te perdés. En la segunda, sabés llegar, ya la conocés. Es fácil. Sucede muchas veces que en la primera sentís largo el trayecto, pero en el segundo recorrido te das cuenta que no era tan largo como lo percibiste, era más sencillo. Ya lo sabés.
¿Va quedando claro mi punto? Siempre, la segunda vez es mala. Así como la primera no se olvida, la segunda debería de estar prohibida
En el cine se da seguido. Fórmulas cinematográficas buenas cuya segunda parte es mala o películas malas que reivindican su malograda trama en la segunda vez. Me da miedo nombrar las que han sido así de pésimas porque sería revelar que las vi. Así dejémoslo.
Mi idea es que todo esto, que por segunda ocasión sucede; pierde magia, misterio, secreto. Aplica exactamente para las relaciones. Las segundas veces deberían ser prohibidas. Ya sabemos el final. No me digan que "Algo queda", "que donde hubo fuego, cenizas quedan"; porque de igual manera quedó una roncha no supurada. Nadie puede decir que se termina "En buenos términos". El único buen términos es que NO FUNCIONAN JUNTOS.
Los ex son eso: una historia pasada. Regresar sería muy parecido a ver "Sexto sentido" por segunda vez, ya sabés que Bruce está muerto. Ya no impacta.

domingo, 25 de noviembre de 2012

Tallas

Uno de estos días, ni me pregunten por qué, hablábamos de tallas. A unas pueden torturarlas, a otras, no. El punto es que una conversación entre Karla Rauda, Mariana Belloso y yo provocó que hoy me siente a escribir de esto.

Mi papá me involucró en todos los deportes que pudo: baseball (sí, el de los niños, no esa culerada de softball) fútbol, volleyball, kickball, basketball, frontón y así... siempre lo hice al estilo masculino. Así que mi cuerpo fue "atlético" hasta que descubrí los placeres del sedentarismo y puesí, mi cuerpo alcanzó el monumental peso de 207 libras. A mis 1.50 mts. eso es un sobrepeso mórbido. Las tallas, ahí, se volvieron una tortura.

Recuerdo que para el aniversario de la radio anduvimos buscando vestidos para la ocasión con mis compañeras. Llegamos a Favio´s y la encargada de la tienda le dijo a una de mis compañeras (mientras yo estaba en el vestidor) que ellas no tenía ropa para ballenas. Así, no me lo invento. Para desgracia mía lo logré escuchar, y ver, detrás de la cortina. Iba saliendo a decirles que la blusa no me quedaba. Las tallas estigmatizan.

En el 2009 me dije: ¡Basta, esto se acaba ya! y me metí a un programa de reducción de peso que en el 2010 me llevó a pesar 117 libras. Fueron 90 libras  menos, otra persona, me dijeron por ahí. Y entonces, hice la terapia del vaciado: ropa que era muy grande a la donación. Se fueron varias blusas aseñoradas, pantalones (tallas masculinas) y ropa que nunca me puse porque realmente eran tallas exorbitantes y que me las regalaron creyendo que yo era   enorme. Ya las tallas, decía, no me preocupaban.

Pero en el 2011 el efecto rebote me hizo subir. Desde ese momento, hasta hoy, son 145 libras. Usted dirá: eso no es mucho. Sí, podrá no ser el problema. No será mucho, pero aún voy y busco en tiendas como Zara, Pull & Bear y otras, ropa para esta mujer que tiene 62 libras menos que hace 3 años y aún no encuentro. Así que esto de las tallas podría seguir siendo un problema.

Porque los cuerpos no son iguales. Mis senos no son los del maniquí. Mis piernas no son las de esos muñecos sin vida. Las tallas torturarán a quien se deje. Yo decidí, entonces, pasar de preocuparme de esas cifras a hacerlo por la comodidad y dejo para las ocasiones especiales los vestidos elegantiosos y las tallas reducidas.