lunes, 25 de julio de 2011

Yo no uso maquillaje

No, no lo uso. Aunque esto podría tomarse como aquella regla matemática del menos por menos es más, pues no, no uso maquillaje. Quienes me conocen, saben.
Y eso que me he criado con una mujer cuya imagen siempre fue impecable, pulcra y sobretodo maquillada. Pero no, fui de las que andaba en partidos de fut, beis, basket; en natación y voley. No, ahí no se necesita maquillaje, se corre. ¿Cómo lo sé? es obvio, sudás.
Quizás quiero creer en el valor de la sonrisa, esa que se define diccionariamente como: una expresión facial formada al flexionar los 17 músculos cerca de los extremos de la boca, pero también alrededor de los ojos. Pero una sonrisa que no está maquillada. Creo que hago esa connotación al maquillaje: ocultamiento. Si en los humanos, es una expresión común que refleja placer o entretenimiento, pues que ese placer se note, se vea, se sienta, se viva.
Sí, eso es, y aquí apliquen la ley matemática: más por más es MÁS. Creo en el valor de la sonrisa limpia, libre y soberana (cual república) que no esconde nada. Pero también creo en las lágrimas que corren sin perder tiempo en campo libre. Por eso no me maquillo, para que vean lo que siento, para ser transparente con quienes están cerca, para que quede claro quién soy y lo que llevo dentro.
Por eso no seguiré maquillándome, para que me vean, para que me sientan.


1 comentario:

vacapintoja dijo...

Un rostro sin maquillaje no encubre ningún hastío, ninguna aprehensión ni insinuación; tan solo eres tú en estado natural, libre de afecciones, espontánea y, por sobre todo, real. Siempre me admiro de las mujeres que van sonriendo por la calle sin ningún arreglo más que su propia felicidad procurada, lo aprecio incluso como un trofeo, pero no uno que pueda cargar cualquier chiquilla a modo de instructivo, ya que aunque algunas lo intenten, simplemente no sentirán la dicha; lo tuyo es consecuencia de algo más. Ten muy presente que aunque no abunden, existen hombres que lo notarán, y te puedo jurar, con plena confianza, de que serán dignos de tu espíritu; es vital ser real, para conocer personas reales.